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Asturianas Socialistas en Acción. Ante la parálisis y el retroceso a los que nos ha llevado la acción de los gobiernos de derechas en Asturias y en España, las socialistas asturianas hemos decidido pasar a la acción para Reiterar nuestro compromiso político con la igualdad entre hombres y mujeres; verdadera seña de identidad del Partido Socialista en su discurso y en su objetivo transformador de la sociedad. Denunciar el retroceso en materia Leer más

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LA EXCLUSIÓN SOCIAL FEMENINA: MUJERES EN RIESGO (2)

La discapacidad:

Tradicionalmente, la sociedad ha tendido  a aislar y a segregar a las mujeres con discapacidad, y a pesar de los logros y avances obtenidos en los últimos años, coincidiendo con los gobiernos socialistas, este tipo de discriminación, sutil a veces, sigue representando un problema grave y alarmante, que se verá incrementado por las políticas antisociales que está aplicando el gobierno del Partido Popular.

Pero, al contrario de lo que ocurre con otro tipo de  grupos vulnerables o que sufren discriminación, las mujeres con discapacidad carecen generalizadamente de recursos o dispositivos legales eficaces para eliminar y corregir dichas conductas discriminatorias.

Se enfrentan continuamente a dichas circunstancias, que se evidencian en cotas mayores de desempleo, salarios inferiores, menor acceso a los servicios de salud, mayores carencias educativas, escaso o nulo acceso a los programas y servicios dirigidos a mujeres en general, mayor riesgo de padecer situaciones de violencia y todo tipo de abusos, etc., realidad que se agrava por la existencia de normas y políticas que fomentan la dependencia y por la dificultad de introducir modificaciones en los hábitos preexistentes. De igual modo, las mujeres  con discapacidad soportan aún con más crudeza que los varones con discapacidad, la persistencia de prejuicios, estereotipos e ideas recibidas, generalizados en todos los ámbitos, que distorsionan la imagen social y la percepción normalizada de este grupo humano.

Las mujeres presentan una tasa de discapacidad por mil habitantes, (106,3), significativamente más alta que los varones (72,6), según datos del INE de 2008

Datos procedentes de distintos censos, encuestas y de los escasos estudios existentes, prueban que las mujeres con discapacidad, como grupo, ocupan un estatus inferior en nuestra sociedad, encontrándose en una situación de enorme desventaja social, económica, educativa y profesional.

Las mujeres con discapacidad forman un grupo social aislado e  invisible resultado de estereotipos y prejuicios que merman injustamente su capacidad de participar y contribuir a la sociedad.

Necesidades y demandas de las mujeres con discapacidad:

Los ámbitos de necesidades y demandas de las mujeres con discapacidad coinciden con aquellos campos en los que es más urgente y necesario desplegar una actividad intensa que haga realidad la equiparación de derechos y la igualdad de oportunidades de estas mujeres con el resto de la ciudadanía:

  • La no discriminación y la igualdad de oportunidades. Las mujeres con discapacidad, globalmente consideradas, siguen sufriendo discriminaciones por razón de género y de discapacidad, hechos que suponen una vulneración de los derechos que debe tener garantizados toda persona, con independencia de sus circunstancias.
  • Respecto a la salud, las mujeres con discapacidad tienen numerosas barreras para acceder a la planificación familiar y a la asistencia a la reproducción, todo ello sin tener en cuenta las necesidades de control de tales situaciones por parte de las propias usuarias. Es necesaria la sensibilización  y formación del personal médico-sanitario sobre la atención específica a las mujeres  con discapacidad cuando hacen uso de los servicios sanitarios.
  • En relación al problema de la violencia de género, se ha constatado que la confluencia de factores como el género y la discapacidad convierte a las mujeres con discapacidad en un grupo con grave riesgo de  sufrir algún tipo de maltrato; las cifras que actualmente se barajan  en Europa refieren que aproximadamente un 40% de las mujeres con discapacidad sufre o ha sufrido alguna forma de violencia.

Los grupos políticos, los organismos de igualdad y la sociedad en general son cada vez más conscientes de la existencia de violencia contra las mujeres, por lo que se han aumentado los programas dirigidos a informar, asesorar y proteger a las mujeres que han sufrido cualquier tipo de agresión. Sin embargo, muchos programas no han tenido en cuenta las peculiaridades que plantean las mujeres con discapacidad, convirtiéndose en inaccesibles para ellas.

Durante los periodos de gobiernos progresistas, socialistas, se han tenido en cuenta todas estas peculiaridades e idiosincrasia, y a pesar de ello los logros no han sido suficientes en materia de consecución de la igualdad plena de las mujeres con discapacidad.

Excuso mencionar el nulo desarrollo que se produce, y se producirá, bajo las tesis neoliberales del gobierno de los recortes en inversión, que no gasto, en materia de igualdad de oportunidades, del régimen popular.

 

BLANCA MUÑIZ FIDALGO

 

 

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LA EXCLUSIÓN SOCIAL FEMENINA:MUJER EN RIESGO

La exclusión social es un concepto que se utiliza en muchas partes del mundo para caracterizar las formas contemporáneas de desventaja social.  Se refiere a “la no-participación activa ni pasiva en la sociedad, sin organización comunitaria y sin recibir servicios y bienes sociales” según definición  del la UNESCO.

La pobreza y la exclusión son dos conceptos diferentes. La pobreza es un resultado distributivo, resultado de una distribución injusta,  mientras que la exclusión se puede definir como el proceso de disminución de la participación, la solidaridad y el acceso.

En las comunidades sociales excluyentes, las redes sociales son débiles y limitan la circulación de la información acerca de los trabajos, las actividades políticas, y eventos comunitarios.

ALGUNAS CAUSAS DE EXCLUSIÓN SOCIAL FEMENINA:

Algunas de las que iré mencionando son: el desempleo, la violencia de género, la discapacidad, la inmigración, la prostitución, y la separación o el divorcio, siendo estas la punta del iceberg subyaciendo otras muchas.

Comenzaré por el desempleo y la violencia de género:

Si bien se reconoce el carácter multidimensional de las causas de exclusión, en la Unión Europea, se centra en el nivel de desempleo como una de las principales causas de, o  al menos, su alta correlación con la exclusión social. Esto se debe a que en las sociedades modernas, el trabajo remunerado no sólo es la principal fuente de ingresos para comprar los servicios, sino que  también es la fuente de la identidad de las personas y el sentimiento de autoestima.

Los datos del desempleo del mes de octubre de 2011, en la comarca de Oviedo indican bastante igualdad en el nº de desempleadas y  desempleados menores de 25 años: 4,65 % para los chicos y 4,53 % para las chicas.

Esta diferencia aumenta en más de dos puntos en el grupo de mayores de 25 y menores de 45 (26,26 para los varones y 28,51 para las mujeres). Y es aún mayor al traspasar la edad de 45 años, siendo del 16,51 para los hombres y de 19,65 para las mujeres.

El porcentaje total de hombres desempleados en la comarca de Oviedo es del 47,31% y el de mujeres, por tanto, de 52,69, del total de personas inscritas en el servicio Público de Empleo.

Vemos de este modo que el desempleo afecta en general a un mayor nº de mujeres que de hombres, si bien la brecha va en disminución, no por la mejora en el empleo en general, si no muy por el contrario, por el gravísimo empeoramiento de la situación laboral de ambos. Por lo tanto para reducir la exclusión hemos de centrarnos en el mercado de trabajo: Por un lado, para que las mujeres en riesgo de exclusión resulten más “empleables”. Por otro lado, para alentar (y / u obligar) al empresariado a ser más inclusivo en su políticas de empleo, el estado debería de continuar las políticas que otrora contribuyeron a la inserción laboral de miles de mujeres, a las que se capacitó para el desarrollo de diferentes profesiones.

La violencia de género:

El maltrato a la mujer por parte de su pareja es un fenómeno global, que se da en todos los países y afecta a mujeres de todos los niveles sociales, culturales y económicos. Particularmente afirmo que no existe un perfil del maltratador.

Las formas más comunes de maltrato son de tipo físico: empujones patadas, palizas; psicológico: intimidación, menosprecio, humillaciones públicas o privadas; y/o sexual entendiendo por este la realización de cualquier actividad relacionada con la sexualidad, que la mujer no desea.

Aunque no todas las mujeres sufren todos los tipos de abusos, es muy frecuente que se den de forma conjunta, y lo que subyace en el fondo es el control y el dominio del hombre sobre la mujer.

La violencia del hombre contra la mujer es una manifestación de la desigualdad de género y un mecanismo de subordinación de las mujeres que sirve para mantener y reproducir el statu quo de la dominación masculina y la subordinación femenina.

El impacto de los malos tratos en la salud de la mujer  es tan grande, que además de considerarse como un problema de derechos humanos, se está considerando como una cuestión de salud pública. Además de las lesiones físicas producidas por las agresiones, existe un gran impacto psicológico que supone un factor de riesgo para la salud a corto plazo: las agresiones repetidas generan una gran cantidad de estrés, desarrollándose una serie de síntomas y trastornos crónicos, siendo los más prevalentes el trastorno de estrés  postraumático y la depresión.

Además cuando la mujer es degradada y ridiculizada por su pareja de forma repetida, puede llegar a creer como cierto lo que dice su agresor, disminuyendo su autoestima y su grado de autoconfianza, e incluso puede llegar a pensar que merece esos castigos y que es incapaz de cuidar y atender de sí misma y de sus descendientes, si los hubiera, generando una gran inseguridad. Estas circunstancias pueden llevar a la mujer maltratada a desarrollar sentimientos de culpa, aislamiento social y dependencia emocional del maltratador, junto con episodios de ansiedad y sintomatología somática (trastornos del sueño, digestivos y un largo etcétera)

En estas circunstancias, han sido descritas, aunque en menor medida, tendencias suicidas y al uso abusivo de alcohol y otras drogas, así como de medicamentos sin prescripción facultativa, como formas inadecuadas de afrontamiento de problemas.

Papel básico en el apoyo a la reestructuración personal de las mujeres víctimas de malos tratos en cualquiera de sus formas, lo han venido teniendo los Centros de Apoyo a las Mujeres, que desde los años 80, y por impulso de los gobiernos socialistas, han tenido y tienen un papel fundamental, mediante el trabajo de sus equipos interdisciplinares.

Es por tanto fundamental luchar desde todos los frentes posibles por su mantenimiento y que las nuevas políticas antisociales del gobierno del Partido Popular no logren cercenar los avances conseguidos en materia de igualdad. No hemos de olvidar que: “SE TRATA DE PERSONAS, SE TRATA DE MUJERES”.

 

BLANCA MUÑIZ FIDALGO

 

 

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